Es cierto que me gustaría alguien a mi lado con quien compartirlo todo, y que en un susurro me haga sentir cosas nuevas cada día. Me gustaría tener el sabor de unos besos pacientes, amantes, y que de vez en cuando se cuele un te quiero por las rejas de esta cárcel. (y hablo de los besos, y digo cárcel porque atrapa, ata y hace prisionero a quien los da y a quien los recibe) Daría todo por una de tus manos recorriéndome, la otra con un cigarro encendido, dibujando el camino que te llevó a encontrarme. Porque vale, admito que más de una vez soñé con tu risa atravesándome el pecho y tus labios besándo tiernamente la frente, porque, ya ves, soy tu pequeña. Y supongo, que sueño en vano con ese lunar tan tuyo, que tanto conozco, y supongo que seguiré soñando.
Y desespero cada mañana al despertar, porque sé que tu mente no está conmigo, que tu voz no tiempla al pronunciar mi nombre, que tus ojos me miran, y no me ven, que todos y cada uno de mis latidos y pensamientos dedicados a ti no te llegan, porque simplemente, quieres a otra.