Me desperté por la tarde, a eso de las 5, con la luz entrando por mi ventana.
Mi móvil sonó.
Un mensaje de Patri: "6ymedia mapfre. no yegues tard". Me levanté de la cama. Mi madre no estaba, mi hermano tampoco. Iba con mi camiseta I love New York de hombro caido como pijama. Reconozco que me habia pasado mas de la cuenta al cortarla...
Fui al salon y estuve en internet. Ninguna conversacion fructuosa. Luego fui a la cocina, abrí la puerta del frigorífico y me quedé mirándolo, como cualquier ser humano "inteligente". La cerré y abrí el congelador para sacar hielo. (Sí, tengo la manía muy curiosa de comer hielo)
Volví al ordenador y puse música. Después me cansé y puse 808´s & Heartbreak de Kanye West. Fue mientras escuchaba los primeros acordes de Say You Will que me dí cuenta de que necesitaba algo nuevo y que, si seguía con la misma rutina, me iba a volver loca.
Cogí mi iPod y mientras subía a la azotea mientras escuchaba Day´n´Night de Kid Cudi. Estuve ahí arriba más de media hora, mirando la iglesia de Santa Ana desde ahí, pensando en todo y en nada, acompañada por el iPod, escuchando canciones que iban desde Colplay hasta Eminem, o desde Drake hasta John Mayer.
Sentí una brisa especial, sevillana. Una brisa que te hace preguntarte porque sigues encerrada y no disfrutas del lugar.
La ciudad me llamaba. Necesitaba salir, escapar de allí, de la monotonía.
Tardé 13 minutos en ducharme, 7 en vestirme, indefinido en arreglarme.
Llevaba un pantalon corto azul alto y una camiseta de hombro caido blanca con un buldog coronado. En mi bolso, un móvil, mi cartera con unos 10€ dentro, mis llaves y un paquete de Chesters con unos 17 cigarros y un mechero. Estaba preparada para reír, cantar, bailar, disfrutar, amar, hablar, sentir y gritarle a la vida que estaba viva.
Y ahí, cuando pensaba que nada podía estropearlo, me lo encontré.
Magnífico, como siempre. Misma gorra, mismo pelo, misma ropa, misma cara... Aunque notaba algo diferente en él. Supe lo que era cuando nuestras miradas se cruzaron; había madurado.
No tenía ese encaprichamiento por la que una vez él podría haber dado la vida, no tenía la mirada perdida y sin rumbo...
Me miró durante 3 segundos, y se alejó, obligándome a reconocerlo: ya no estaba enamorada.
Su forma de ser, de actuar, me había asqueado, y me había echo reflexionar. No se puede esperar eternamente, y menos por alguien así.
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