
Quisiera despertarme con tus besos bajando por mi nuca.
Besos dulces, besos mojados, besos calientes, besos llenos de amor, llenos de vida, llenos de esperanza.
Y llegar a mi espalda.
Besos frágiles y suicidas, besos ordinarios, románticos, devastadores, besos provocativos.
Y seguir recorriendo mi silueta, hasta dar con curvas inesperadas.
Besos trogloditas, besos ladrones, besos apasionados, impacientes, besos ardorosos.
Y luego, que me tomaras salvajemente, sin miedo, (ya sabes, en la intimidad todo vale), y que tu cuerpo fuera el mío, y mi cuerpo el tuyo, que nuestros cuerpos fueran uno, tú dentro de mi, yo dentro de ti.
Quisiera que me hicieses el amor. Que cabalgásemos al amanecer, enredados en sábanas de seda, y que nuestras figuras jadeantes bailasen junto a la luz de las velas.
Finalmente, desplomarnos, agotados, sudando amor, sudando pasión, y dormirnos.
Quisiera soñar con un columpio, un columpio rojo, un columpio en un jardín como el de Adán y Eva, soñar que tú eres él, y yo ella, y nos columpiamos, tan alto que no nos atrae la manzana prohibida, porque nos bastamos el uno al otro.
Quisiera un amor como aquél, pero parece que se han extinguido.
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