Que no me hablen de sufrimiento, si no han visto el odio en ojos ajenos.
Que no me hablen de igualdad si sus dedos me señalan día a día.
Que no mencionen el rechazo, si no se les pega a la piel.
Que no me hablen, que no me juzguen, que no me comparen, si sus palabras están llenas de hipocresía.
Que no me hablen de racismo si lo que importa es el capital, no la raza.
Que no me hablen de respeto, si lo relacionan con poder.
Que no me hablen de peligro si el mayor es su estrechez de mente.
Que no me hablen de falta de Democracia si se oponen tajantemente al diferente.
Que no me hablen de riquezas, si no saben aprovecharlas y hacerlas crecer.
Que no me hablen de política si no leen los periódicos y sus creencias no tienen argumentos lógicos.
Que no me hablen, que no me hablen nada en absoluto, que no me dirijan ni una simple mirada por encima del hombro, porque se perderán en su inmenso analfabetismo. Y me aterra pensar que ese tipo de gente vaya a a ser el futuro, nuestro futuro.
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