sábado, 4 de febrero de 2012

*Cruza la calle y no recuerda ni su propio nombre, porque su presencia llena todo su cuerpo.
Quiere gritar, y no encuentra las palabras. Quiere llorar y sus lágrimas se mezclan con la lluvia. Sus ojos van de un lado a otro, perdidos entre pestañas que, cómplices de la borrasca, apagan la claridad del día. Quiere correr, y corre. No sabe adónde va ni se lo progunta, sólo corre sin frenos, evadiéndose del recuerdo de aquél día en el que el viento dejó de mover su mundo.

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